viernes, 26 de agosto de 2016

SOBRE LA PAZ EN COLOMBIA

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron consideradas siempre un grupo terrorista o subversivo. Sin embargo, a mi juicio, el solo hecho de haberse sentado el gobierno a dialogar con ellas, les confiriò - si acaso no lo tenìan antes - el estado de una fuerza beligerante, es decir el reconocimiento a ser parte en un conflicto armado.
Esa condiciòn vale a la hora de establecer el acuerdo de paz que ya ha entrado en su parte final. Disminuida o no (eso es algo que corresponde al campo militar) lo cierto es que no se le pudo vencer en forma definitiva y tuvo la fuerza necesaria para converger con el gobierno en unas discusiones muy largas.
Por consiguiente, quienes se oponen al acuerdo, parece que no han considerado lo anteriormente explicado y pretenden que las FARC se sometan sin condiciones, exigencias o pretensiones, al règimen jurìdico y polìtico vigente en Colombia.
¿Què prefieren, entonces, los oponentes al acuerdo?
Creo que prefieren continuar la guerra, entonces. Prolongar el sufrimiento y el martirio de millones de colombianos, despilfarrar dinero en todo lo que implica un conflicto bèlico, proseguir con atentados y ejecuciones, seguir en el camino del tràfico de drogas y los desplazados.
! Que absurdo ! ¿no?
Creer que por reincorporar a los miembros de las Farc al seno de la sociedad colombiana y que participen en la polìtica de ese paìs, significa que les brindaràn una oportunidad a los reintegrados para esperar una oportunidad de alzarse con el poder en forma ilegìtima, implica pensar que el pueblo colombiano y sus dirigentes no tienen recursos humanos y morales para logar que impere la democracia, implica descalificar la gran inteligencia y valor de los ciudadanos de ese paìs.
Del mismo modo, equivale a sentenciar, de antemano, que los reincorporados no desean la paz. ¿acaso no es un reto para ellos mismos comprobar que por las vìas democràticas pueden conseguirse mejores resultados?.
Analizaremos punto por punto todas las concesiones recìprocas del acuerdo y por su naturaleza especìfica, por la preocupaciòn que genera, las que se han hecho en favor de los colombianos que han dejado las armas. Estoy seguro que fueron bien pensadas.
El acuerdo no es la paz. Es el comienzo de la paz. Debe construirse dìa a dìa, piedra por piedra.
Estarà llena de obstàculos y sinsabores, sin duda, pero es el ùnico camino hacia la paz. ¿Queda claro eso de que es el ùnico camino?
Piènselo bien. No hay otro.
No puedo votar en el plebiscito, obviamente. Pero digo sì moralmente con todo el amor por ese paìs, digo sì por la paz.


miércoles, 24 de agosto de 2016

REMOVIDOS O DESTITUIDOS POR PEDIR REFERENDO

Sin entrar en consideraciones políticas ni personales ni de derechos humanos, tan solo orientado por el apego a la legalidad y la justicia, considero muy apropiado tener en cuenta las declaraciones de altos funcionarios del gobierno, quienes habrían manifestado que separarán de sus cargos a los funcionarios que hayan manifestado su voluntad de proponer el referendo revocatorio del mandato del Presidente de la República.
En la práctica forense se trata de removerlos o de destituirlos. Se les removerá cuando sean funcionarios de libre nombramiento y remoción. Se les destituirá cuando sean funcionarios de carrera, es decir, que deben ser sometidos previamente a un procedimiento administrativo.
 Con respecto a los primeros, si bien es cierto que la administración pública puede removerlos sin explicación alguna, creo que deben hacerse algunas consideraciones.
Dado que se ha anunciado públicamente la causa de su remoción y que la misma es contraria a derecho, debido a que se basa en que el funcionario ha ejercido un derecho constitucional, creo que es pensable que aun cuando el afectado no pueda impedir la remoción, si podría reclamar indemnización material y moral de la nación venezolana. No conozco precedente alguno en este sentido y estoy buscándolo.
En el caso de los funcionarios de carrera, la situación es muy distinta. El anuncio de la razón de la destitución, cual es el ejercicio de un derecho constitucional que no es del agrado de la administración pública, constituye por sí misma la prueba de la ilegalidad de la destitución. El afectado tiene que recabar esas pruebas, que son además hecho notorio y comunicacional, para luego presentarlas ante los órganos administrativos y eventualmente en los jurisdiccionales.
Esa destitución es nula en forma absoluta, conforme a la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos.

Los representantes de los afectados sabrán lo que deben hacer desde el inicio del expediente hasta un final posible en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

sábado, 20 de agosto de 2016

INSTRUIDOS EN LA AFLICCIÓN.

DEDICO ESTAS NOTAS A MIS COMPAÑEROS DE LA PROMOCIÓN DE ABOGADOS UCV. 1968. HOY CUMPLIMOS 48 AÑOS DE NUESTRA GRADUACIÓN.

Según el pensamiento cristiano, en muchas ocasiones se justifica la aflicción de una persona, grupos o naciones, pues se considera que esta es una forma de tomar conciencia de los errores cometidos y  más que todo de abrirse camino hacia el futuro con mejores actitudes e ideas, en busca de la justicia, la paz y el bienestar
“Antes de ser afligido, me extravié, ahora observo tu promesa…” o  “Yo sé, Yavé, que son justos tus juicios, que Tú me afliges justamente…” ambos del Salmo 119.
¿Tiene eso sentido hoy día en nuestro país?
Más de cien años de explotación petrolera pudieron habernos convertido en una nación poderosa, entendido el poder como ejercicio para asegurar el bienestar absoluto de sus ciudadanos y de paso aportar al resto de la humanidad.
La humanidad sí recibió sus aportes, muchos más buenos que malos. Ciertamente, personas y grupos de mala índole saquearon, saquean y ¿saquearán? nuestras riquezas, pero es innegable que pueblos enteros de otras partes del mundo, forjaron su estabilidad merced a lo que sus hijos trabajaron aquí honestamente.  Y sus gobiernos, a través de muchas fuentes totalmente pulcras, edificaron puentes, plazas, hospitales, vías de penetración agrícola, agricultura, comercio, industria, investigación, educación, etc., con dinero producido en esta tierra venezolana.
Fue tanta la abundancia que aun siendo nosotros básicamente malos administradores, alcanzó para hacer un bosquejo de una nación ejemplar.
Todos nuestros mejores ciudadanos advirtieron con tiempo que esas riquezas materiales debían generar otras riquezas materiales, por ejemplo, la agricultura, y más que todo una profunda y sólida riqueza espiritual y moral, que se traduciría en gobernantes y magistrados cultos, justos e incorruptibles, seguridad ciudadana, conocimientos y otras riquezas de más alcance que la minería o los hidrocarburos.
En cambio, el país fue azotado desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba, por los costados o como sea, por depredadores de toda índole, quienes deben tener acumulados en el exterior, tesoros con los que se podría sostener el país por décadas.
No vale la pena hacer más descripciones. Basta con decir que la depredación se ha especializado de tal manera, que hoy día se expresa por cientos de millones de dólares, tan solo para comprar conciencias que contribuyan a sostener una forma de gobernar que ha demostrado hasta la saciedad, ser inviable y tan fuera de orden como en todas sus otras versiones.
Y fue así como vino la aflicción de la que hicimos referencia al principio. Esa aflicción que tampoco requiere de mayores explicaciones, dado que las máximas pruebas de humillación están por doquier y todos los días.
Tampoco allí concluye esto. No hay que darle mucho crédito a algunos supuestos afligidos que está presentes en la lucha para desplazar a este gobierno. Solo tratan de sustituir personas y continuar con la misma parranda.
Otros quieren venganza.
No, señores.
O se hace una nación o continuamos con el mismo campamento.

En otras palabras, solo si se agrupan los buenos ciudadanos para enfrentar a los malos habitantes de esta tierra, haciendo un escudo invencible de paz y justicia, tendrá sentido la aflicción que justamente Dios nos ha mandado en este tiempo.

martes, 16 de agosto de 2016

EL TIEMPO QUE NOS MERECEMOS

La Constituciòn siempre està vigente si el cuerpo social, vale decir la mayorìa de los ciudadanos, la invoca y se aferra a ella para conducir su vida institucional. Es irrelevante que en algùn momento de su vigencia, algunas personas, apoyadas por cualquier fuerza, la ignoren o la violen.
En este caso, es un derecho natural volver a ella.
Los ciudadanos de este paìs, vivamos o no en èl, los que aquì trabajan o aquì invierten aun no siendo venezolanos, todos los hombres civilizados del mundo, estamos en la obligaciòn de defender nuestra democracia, hoy maltrecha, con apego a la justicia y la paz.
La tarea històrica que tenemos por delante, implica forzosamente desplazar constitucionalmente a unos gobernantes que ignoran los reclamos de la ciudadanìa, los someten a sufrir carencias que no tienen justificaciòn en un paìs con tantos recursos. Las ideas no pueden utilizarse para tratar de doblegar a los seres humanos en sus necesidades bàsicas, ni en su derecho a producir riqueza, ni en su propòsito de enaltecer a su familia. Las violaciones en tal sentido han rebasado los lìmites tolerables e incursionan en acciones contra la humanidad.
Ya es hora de apartar la vista de quienes detentando el poder armado de la Repùblica no presionan en lo màs mìnimo para regresar pacìfica y constitucionalmente a la tolerancia, la democracia y la justicia. Es hora de ignorarlos con la conciencia. Se los devorò la anti historia y arrojan al vacìo, a  la oscuridad, la gloria de los ejèrcitos libertadores.
De esta manera, la lucha que a partir de estos dìas se acrecentarà, debe ser intensa, con presencia en lo que sea que se haga por devolvernos las instituciones democràticas, a cada instante, por cualquier medio constitucional.
Hay que comunicarse con la parte de tejido sano del adversario y tratar de convencer a quienes allì estàn, de todo lo inaceptable que estàn defendiendo.
No podemos tener rencores ni odios, ni otros sentimientos subalternos.
Se requiere de mucha sensatez y de sentido de respeto hacia aquellas personas que por diversas razones no pueden manifestar su inconformidad con lo que estamos viviendo y aparentan o fingen estar de acuerdo con los opresores.
Perseverancia y paciencia.
La libertad regresarà a la Constituciòn.

lunes, 15 de agosto de 2016

VOTO SÌ POR LA PAZ EN COLOMBIA

No tengo derecho a votar en eso, pero digo que sì con el alma. La paz en Colombia, sì señor, la paz. La guerra no se acaba totalmente firmando un acuerdo, es cierto, pero sì se inicia la paz. Muchos de lado y lado, los guerreristas, se tambalearàn con el viejo recuerdo de la guerra y todo lo que de ùtil ella pueda tener para quienes no pueden ver el mundo de otra manera.
Habrà desconfianza, es cierto.
Habrà flaquezas, tambièn lo es.
Serà un camino tortuoso, sì, sin duda.
Pero lo mejor es intentarlo.
Los hombres de buena voluntad construiràn la paz, pese a todo inconveniente, con el corazòn puesto en no volver atràs.
¿Y saben una cosa?
Lo lograràn. Dios es infinito. Colombia significa grandeza. Y la paz alimenta la vida.

martes, 2 de agosto de 2016

MÀS SOBRE EL ARTE DE CONVERSAR.

Hace unos meses atràs, en un juicio que llevamos en la capital de la Repùblica, el juez fijò un acto para conciliar.
Preparè mi orden expositivo con suficiente anticipaciòn. Como representante de la parte demandante, me tocò hablar de primero.
En ese estado, quise exponer lo que mi representado estaba dispuesto a sacrificar para llegar a un acuerdo. Entonces, expresè que la contraparte habìa cometido un delito contra mi cliente y èl estaba dispuesto a renunciar a la acciòn penal en pro de llegar a un acuerdo satisfactorio.
Apenas expresè la idea, el juez saltò para decirme que no era momento propicio para amenazar, sino para llegar a un acuerdo (¿?)
Lo dejè asì y seguì a otro punto: Esta vez pretendìa hacer un elenco de las condiciones morales privadas y pùblicas de mi cliente para que se tuviera una idea de los daños que se le habìan causado con la conducta del demandado. El juez saltò de nuevo para señalarme que aquì no estàbamos para hablar del pasado.
No expuse màs.
Imposible llegar a un arreglo amistoso cuando no se te permite colorear la idea que traes.
Por supuesto, no hubo acuerdo.
Inùtil que yo oyera a fondo a la contraparte y al juez. Lo hice solo por decencia.
En la mayorìa de las discusiones y conversaciones no nos oimos como debe ser. Solo esperamos que lo demàs concluyan para hablar nosotros. No tratamos de entender lo que se nos expone.
Este es un vicio nacional.

lunes, 1 de agosto de 2016

EL ARTE DE EXPLICAR

Creo desde hace muchos años - y de ello me he convencido màs aùn con el paso del tiempo - en estas dos cosas, relacionadas con la comunicaciòn oral: 1) que no explicamos adecuadamente nuestros puntos de vista,  porque no lo concebimos como un ejercicio que requiere disciplina, lo cual se presenta en la mayorìa de las conversaciones, siendo que ese desorden termina arrollando a quien se proponga hacerlo bien; y 2) Lo màs grave es que eso influye negativamente en la toma de decisiones, en la comprensiòn y soluciòn de los problemas, lo cual se traduce en una siempre deficiente comunicaciòn en la sociedad.
Esta situaciòn deberìa corregirse en cualquier circunstancia en que sea necesario explicar a una o màs personas una idea, un proyecto, lo que sea. Pero esto cobra particular importancia en el debate judicial que cada dìa tiende màs  a la oralidad, asì como en las explicaciones previas que deben darse entre las mismas personas que comparten una causa e igualmente en la discusiòn entre partes en confrontaciòn y obviamente cuando interviene el juez.
La regla de oro en cualquier situaciòn de que se trate, es que cada interviniente debe tener un lapso, por breve que sea, para exponer su punto de vista sin ser interrumpido y debe ser oìdo atentamente por el otro u otros,  luego de lo cual sucederà lo mismo con estos ùltimos.
Al final, debe haber lapsos de rèplicas, ir aceptando lo que se puede y fijar una conclusiòn. Entiendo que esto parece muy formal, sobre todo si se trata de conversaciones informales, familiares o que no tengan un contenido profundo, pero aùn asì, la pràctica de ese ejercicio puede hacerse sin mayores inconvenientes.
En nuestro medio, las conversaciones se hacen sin ningùn orden y por eso generalmente no se hallan soluciones a problemas que no son en verdad tales, con màs razòn entonces en la preparaciòn de conflictos judiciales o conversaciones para hallar una soluciòn positiva.
Nosotros rebatimos apenas oimos lo primero que no nos parezca cierto o exacto, dàndose que con frecuencia allì se tranca la comunicaciòn, pues algùn interlocutor no acepta continuar hasta que eso no se dilucide previamente.
Son mùltiples las formas de errada conversaciòn, lo cual determina ese fracaso tan abundante en las explicaciones. La mayorìa de estas no llega en realidad a concluir. Se pierde el esfuerzo y la buena intenciòn original.
Si en estrados judiciales, el juez tambièn cae en este ejercicio incorrecto, su funciòn mediadora, ahora que trata de hacerse cada vez màs presente, se pierde.