LA RENUNCIA

La salida es la renuncia del Presidente Maduro. Y aclaro de una vez, la renuncia no es la de él solo, sino que implica forzosamente todo el gobierno y luego buscar un equilibrio que será diseñado pacíficamente por todo el país.
He analizado los demás mecanismos y he acudido a varias jornadas donde ellos se discuten. Todos presentan diversos obstáculos que, desde luego, habrá que afrontar con serenidad y temple para el caso que no funcione la renuncia. Y tendrán apoyo de todos nosotros.
Pero la renuncia es la vía.
Obviamente, ella no se conseguirá pidiéndole simplemente al Presidente que la presente. Hay que presionar cada segundo, cada rincón del país, cada movimiento, para lograrla.
La situación tiene que ser llevada al escenario en que no haya otra alternativa. Y ésta urge. Por eso, precisamente, es la vía. Las demás requieren esfuerzos y gastos que son innecesarios, si lo pensamos bien.
Que la renuncia no se haya presentado ya o que parezca muy difícil o que deba hacerse con esfuerzo olímpico, no quiere decir que no esté bien calibrada y pensada ya, por casi todo el país. Densos sectores del país que de alguna manera están del lado del gobierno, lo saben y esperan favorablemente por esa salida.
Funcionarios medios y altos, en medida respetable, saben que eso es lo correcto y esperan por el desenlace.
Pero parece que nadie quiere entender que, en el círculo de poder inmediato al Presidente, no es fácil renunciar. Por eso, precisamente, es que todo el país debe provocarla. Nada menos que para facilitarle al Presidente y su círculo, que tome la decisión.
En el círculo inmediato del poder se sopesan muchos factores y es lógico que sea así: presiones de grupos con poder que se niegan ideológicamente a la renuncia, amenazas en algunos casos, sentimiento de que se está traicionando una causa, ruptura de solidaridad con compromisos en el extranjero, incertidumbre en el destino de personas, investigaciones a otras, eventual desestabilización en uno o más de los poderes públicos, creencia en riesgo de pérdida de lo que se haya podido obtener de positivo, valoración de los que puedan acceder al poder, etcétera y muchos etcéteras. De modo que no es fácil.
Por eso es que la renuncia debe ser conseguida mediante una descomunal presión pacífica y legal, ya que así se reducen o se obvian esos etcéteras. La sociedad las reducirá o eliminará. Y, repito, muchos del gobierno la están esperando y deseando que se haga lo necesario. Saben que ya no se puede más.
Es de advertir, igualmente, que la consecución de una renuncia inmediata, por parte de la oposición, no debe ceder a la tentación de algo precario, ineficaz o incompleto.
Pero es la vía lógica, constructiva, decente, legal y provechosa que se debe transitar.

Está en manos de la población, igual que las otras de más dificultades. Hay que tomar conciencia de eso.

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